jueves, 4 de septiembre de 2008

Señal Hig-Love

Cada uno encendió su computadora y comenzamos a hacer la comparación que nos tocaba hoy: “comparar los crímenes cometidos por la Inquisición (1478-siglos XIX y XX) y UNICEF (1950-2033)”. Luego de la comparación del gobierno y campaña de Adolf Hitler con la de diversos presidentes Estadounidenses, esta parecía una tarea sencilla.
Detuve por un momento mi redacción y sin levantar mucho la frente miré al prefecto de Lengua y Redacción: él, sentado en su sillón cómodo, su computadora, sus sensores de señales y ondas prohibidas en el colegio, su rostro gris y su brazo derecho lleno de quemaduras profundas. Una vez más me pregunté cómo era que ese hombre, cuyo cuerpo hablaba por él, había llegado al puesto sórdido de prefecto. Lo detestaba en ese momento, mientras veía las líneas verdes que ondulaban en sus monitores, mientras miraba el espacio vacío que una vez había ocupado el retrato de aquella mujer. Pero en el fondo deseaba poder ser como él, ser como había sido y ser lo suficientemente capaz como para seguir sobreviviendo al mundo luego de lo que le había pasado, cosa que me pasaría a mí también si yo seguía actuando de la misma manera idiota que lo solía hacer. Lo observé nuevamente sin alzar las cejas de más, y luego giré mi cara hacia la izquierda.
Fuu se sentaba a mi derecha, un metro y medio a mi derecha. En sus ojos negros y densos se reflejaba el monitor de su monitor, y si prestaba un poco de atención podría haber leído en ellos lo que escribía y lo que pensaba. Hice el esfuerzo, pero obviamente no pude penetrar en su mente ni leer su monitor; su hubiera sido como el prefecto de la clase de Lengua y Redacción ya hubiera escarbado sus temores y gustos y la habría conquistado con simples palabras, pero ni de lejos yo era como había sido mi prefecto, yo no era bueno con palabras ni con chicas, sólo con computadoras.
Volví a concentrarme en la información que tenía ante mis ojos. La pantalla me mostraba datos de cuántas muertes se estimaban que había causado la Inquisición, los cargos con los que se acusaba y la común manera de ejecutar casos sin juicios o con juicios corrompidos. Aún así, muchísimos de los acusados contaban con un cargo en su contra aunque la pena no era merecida. Por el otro lado estaba UNICEF, que con sus planes y maniobras había logrado instaurar la legalidad del aborto en todos los países, provocando más del doble de muertes en sólo una década, sin causa, juicio ni veredicto. Y ambas instituciones también tenían sus lados positivos, pero como el trabajo hablaba de los crímenes, omití la gran mayoría de datos aduladores.
Mi pantalla se había torcido y tuve que enderezarla (era una membrana plástica del grosor de una cartulina) y a mi teclado le fallaba bastante la barra espaciadora. Muchos en mi lugar habrían pedido un teclado de nuevo y habrían tirado el suyo a la basura, pero yo desencastré las dos capas de goma flexible y miré la suciedad interior. No tenía nada para limpiarlo, así que volteé hacia Fuu y le pregunté en voz baja si tenía algún pañuelito o algo. Ella asintió sin hacer ruido y sacó de su cartera un semitransparente pañuelo rosado con florcitas. Le aclaré con la mirada que era para limpiar mi teclado y a ella no le importó, y me mostró que tenía otros tres pañuelitos por el estilo. Estiramos nuestros brazos por un segundo y el metro y medio que nos distanciaba quedó burlado. Ella inmediatamente volvió a su trabajo, pero yo primero olí su aroma, era fresco. Inmediatamente limpié el recoveco de la barra espaciadora y volví a encastrar el teclado. Estaba por llamarle la atención nuevamente para devolvérselo cuando frené de golpe: tenía un pañuelito de Fuu, en mi poder, ¿qué habría hecho el prefecto de Lengua y Redacción en mi lugar? Lo pensé por cinco segundos. No volvería actuar de la forma idiota que solía hacerlo, no quería terminar como aquel hombre.
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Nu.RR

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