Charles Dickens nació con la desafortunada suerte de llamarse igual a un famoso escritor, o más bien la de tener un padre de apellido Dickens y una madre fanática de los cuentos navideños. Pero su bautismo no fue si no el comienzo de una de las tantas cosas raras en la vida de Charles Dickens.
Tal vez el hecho de tener por nombre a un escritor inglés y haber nacido en Córdoba Capital hizo que en la escuela fuera de esos chicos que se destacan por su mudez y su apatía. Pero eso cambió abruptamente luego de la muerte de su tercer psicólogo y llegó a ser uno de las personalidades más destacadas en la universidad de Lenguas, donde cambiaron su apodo a Charly (aunque en las cartas navideñas siempre era Charles Dickens a secas).
Sin embargo había aún muchas cosas raras en él, como su adicción por la cábala. Junto con mamá, papá y caca, cábala fue unas de las pocas palabras que sabía pronunciar correctamente antes de cumplir un año. Y desde ese entonces Charles Dickens fue una de las personas más cabaleras jamás existidas: quemaba sus calzoncillos todos los jueves de luna nueva y compraba unos nuevos, no quitaba las frazadas durante todo el verano, usaba el pijama del revés y robaba todas sus lapiceras para dar exámenes escritos. Para los orales siempre usó corbata amarilla. En los mundiales cambiaba siempre de canal cada vez que aparecía una publicidad relativa al evento del momento, nunca compró dos veces el mismo tipo de dentífrico ni de crema de enjuague y siempre tuvo un par de medias rojas en el cajón, aunque nunca las usó.
También tenía fobias que rayaban en lo cínico: fobia a los albinos de ojos rojos (se parecían a androides apocalípticos venidos del futuro), fobia a las jaboneras (no sabía bien cómo, pero podían llegar a amputarle los dedos), fobia a las colchonetas inflables (estaba convencido de que eran trampas mortales), fobia a los videoclubes (había demasiada estimulación neuronal en esos antros y creía que le podían dar ataques sicóticos) y a los botones (temía morir asfixiado por uno de ellos). Además era claustrofóbico, adicto a los hisopos verdecitos y era alérgico al Christian Dior (por culpa del cual pasó una semana internado con unas brutas erupciones que le salieron en los brazos y el cuello).
Era daltónico. Veía todo en tonos ocres y grises.
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Nu.RR
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