miércoles, 3 de septiembre de 2008

Bipartición universal


Era un martes y Erdini iba apresurado al trabajo. ¿Quién lo había mandado a comprarse una revistita de sopas de letras, que encima eran tan fáciles que su hijo podría haberlas hecho? Y por culpa de esa estupidez se había pasado dos cuadras de la parada donde siempre se bajaba, justo ese martes que llegaba tarde. Aún no sabía por qué a veces las cosas fáciles atrapaban tanto su mente, él que estaba acostumbrado a enfrentar cada día las vicisitudes de la economía inestable y se mantenía a flote prolijamente. Tan bien se mantenía que, mientras que algunos de sus amigos habían tenido que mudarse a lugares más baratos y vender sus mejores comodidades, él había podido mantener su auto alemán e incluso, una vez chocado, mandarlo a reparar con el mejor mecánico de la ciudad. Ahh… de no haber sido por aquel ebrio en motocicleta no se habría llevado puesto el poste de luz de aquella misma esquina en la que estaba caminando, aunque de no haberse chocado allí habría pisado a aquella señora con su bebé en un carrito y ahora estaría enfrentando situaciones peores.

Sintiendo que las gotas de sudor le hacían cosquillas en la espalda dobló en la esquina y, entre tantos otros ruidos atronadores, escuchó que desde arriba alguien guitaba, pero no fue lo suficientemente estruendoso como para que la sinapsis generara alguna reacción en su cerebro. Pero de repente la realidad se le vino encima a Erdini y una persiana gigante y de varias decenas de kilogramos cayó frente a él en la vereda, dejando un cráter donde cualquiera tropezaría. Ante sus desmesurados ojos cuyas pupilas se dilataron enormemente, la persiana descendió y rebotó.

Pero, en esas pocas fracciones de segundos pudo notarlo, era como un espejismo: había dos persianas cayendo simultáneamente, así como más transparentes, a diferentes velocidades las dos, distintas. Y más allá también, aunque mínimamente, su maletín, su saco, el piso, todo parecía desdoblarse.

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Nu.RR

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