jueves, 4 de septiembre de 2008

Historias de miedito – 3

Luego de que Margarita contara la historia de su prima desconocida del Chaco (que como no tenía nada de “sobrenatural” y era tan parecida a la de Esteban y la tía turca terminó aburriéndolos a todos) Margarita se puso de mal humor y ya no auspició ningún relato de fantasmas más.
La tormenta se había recrudecido. Los silbidos agudos del viento componían una orquesta estrafalaria junto con el bramido ensordecedor del océano y las rocas, y la última lámpara de aceite, ahora con un débil pañuelo a forma de reparo, se bamboleaba hacia todos lados sin ganas de extinguirse.
-Bueno, ya que nadie dice nada –murmuró el Loquito-, cuento la que le pasó a mi hermana…
-¿Tenés una hermana, Loquito? –preguntó Alma, que desde hacía mucho había estado totalmente muda.
-En realidad tenía. Murió cuando yo tenía once años –Su voz no varió para nada. Decir de la muerte de su hermana fue como para cualquiera decir que había muerto una planta de lechugas-. ¿Vieron que yo dije que antes iba a ver a una médium? Bueno, era por mi hermana. Nunca la vi ni pude contactarme enserio, pero esas sesiones eran muy raras…
-Ay dale, contanos de esas sesiones –apremió Margarita, nuevamente entusiasmada-, yo siempre tuve ganas de ir a una pero nunca me animé ni tuve motivos…

-Igual no voy a contarles de eso, si les dije que no pasó nada más que trances raros y mucho barullo. No, lo raro es lo que le pasaba a mi hermana antes de morir –explicó el Loquito con toda su naturalidad-, antes, cuando me llamaban Fernando y nada más, lo de Loquito y todo eso vino después…
»Mi hermana era cinco años mayor que yo y tenía un treinta y nueve por ciento de discapacidad mental, aunque no era así daun, no se le notaba en la cara ni nada, simplemente era medio tonta, nada más, y tenía también un grado mediano de autismo. Mis papás no podían pagar en esa época una escuela para chicos especiales entonces quedó a cargo de mi vieja, que vivió enteramente dedicada a mi hermana. La cosa es que mi vieja, creo que algunos lo saben, tenía una hermana gemela, eran igualitas, y mi vieja la quería un tocaso. Yo apenas la llegué a conocer, ni me la acuerdo, pero decían que era re buena con nosotros, y mi hermana nunca la distinguía de mi mamá, para ella eran la misma persona. Lo malo es que la tía tenía un cáncer en el cerebro y sabían que tarde o temprano se iba a morir de eso, digamos, le dieron unos tres años de vida y listo, a Dios gracias. Cuando murió mi tía, mi vieja se puso muy muy mal, te re dabas cuenta, incluso yo que tenía cinco o seis años creo, y mi hermana, que vivía de mi vieja, lo sintió más que cualquiera de nosotros.
»Fue entonces cuando mi hermana empezó a comportarse muy raro. Mi vieja empezó a ir dos veces por semana al psicólogo, y dejaba a mi hermana al cuidado de papá y mío. Ella se quedaba en su cuarto, que es donde siempre mi vieja se ponía a leerle cuentos, y se encerraba ahí y nosotros afuera, tranquilos, no pasaba nada. Pero un día descubro que mi hermana hablaba todo el tiempo, y yo entraba a su cuarto y la veía sola, sentada frente a la silla hamaca donde le leían, calladita, y en cuanto me asomaba me miraba enojada y me hacía con la boca que me callara; y yo me iba, digamos, era medio tonta, cosas que pasan.
.....

Nu.RR

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