-¿Ahora quién supera esa historia? –comentó Margarita. “Ese cuento” pensó para sus adentros Gustavo. -¿Alguien tiene otra para contar?
-Pero que sea de bien nivel –agregó el Loquito-, como la de Agus.
Durante un momento todos salvo Agustín y Alma se escrutaron los rostros unos a otros. La tormenta afuera parecía relajarse y así también el humor de los siete chicos. Más allá del temor supersticioso que acababan de sentir todos ellos querían más historias; tan sólo Karina deseaba abandonar el recinto a toda costa, y lo hubiera hecho de no ser por la tempestad que en ese momento nublaba sus vacaciones.
-Yo… -dijo Esteban al cabo de unos suspiros -. Yo sé una, que le pasó a mí mamá.
-Entonces contá.
-Es que no me la acuerdo bien del todo… -Frunció su frente-. Sé que fue antes de que yo naciera… A ver, se los cuento así como me acuerdo, la verdad hay cosas de las que no estoy muy seguro… Buen.
»Resulta que la tía de mi mamá era turca, y en realidad no era “la tía”, porque era la media hermana de mi abuela, y ni mi mamá ni mi abuela tenían una gota de sangre turca. Los papás de mi abuela murieron en un accidente allá por Europa y entonces la familia de mi abuela vino para la Argentina y la hermana turca se volvió para Turquía (que no sé si existía en esa época, no sé). Mi mamá nació tiempo después ya en la Argentina (era la menor de siete hermanos) y a ella nunca se le habló de la tía turca, era como que no existía, sus tres hermanos mayores sabían de ella pero no la nombraban.
-Como a una prima que tengo yo –se metió Margarita-. Es una hija perdida del Chaco de mi tío que apareció a los nueve años de la nada… Seguí.
»Bueno. Mi mamá tenía ya como once años cuando de repente se le apareció una vieja con acento raro un día a la vuelta de la casa de una amiga de ella –Esteban tomó un suspiro para aclararse las ideas-. Creo que se vieron varias veces como durante un mes antes de que la familia se enterara, y entonces mis abuelos le dijeron a mi mamá que no le hablara más, pero un día la vieja se le apareció con cosas de oro y cadenitas y joyas y cosas así por el estilo, que había traído de Turquía, y se la compró a mí mamá con eso (como a toda mina). Pero resulta que mi abuelo se enteró que se seguían viendo y un día la sigue y descubre que esa vieja era su semi cuñada, la tía turca.
-Ay boludo, pará… –saltó Margarita algo shoqueada, pero los demás la callaron-. Ay, buen…
-Después de eso se armaron los re bardos en la familia y la amenazaron a la tía y nunca más la volvieron a ver, ni mi vieja ni nadie. Parece que había ido a Argentina a buscar algo de ayuda porque allá en Turquía se había metido en problemas, y había unos musulmanes que la habían obligado a exiliarse por tener prácticas de brujería y esas cosas que nadie supo bien qué eran y que supuestamente estaban prohibidas. Bueno, mi mamá no supo nunca más nada de la tía turca hasta el día que murió mi abuelo…
-¡Noo… Pero te juro que es igual a…!
-¡Callate Margarita!
-Pero chicos, es que a mí me pasó algo re parecido con lo de mi prima…
-¡Después!
-Bueno, el día que murió mi abuelo, la tía turca apareció mientras lo velaban. Nadie le había dicho nada y nunca supieron cómo había descubierto lo del funeral, y tampoco se enteraron de cómo los había encontrado en Argentina ni nada. Pero fue y le dejó sobre el cajón unas rosas secas que tenían tallado cada una un Filipo, el nombre de mi abuelo, su cuñado, como si desde hiciera mucho tiempo que esperara eso, y también le dejó unas velas negras y unas astillas de madera grabadas con símbolos raros que mi abuela después quemó. Y se puso ante la mirada atónita de todos a escribir arabescos mágicos a dos manos con cachos de carbón sobre el ataúd, y a murmurar cosas en turco o no sé qué, y entonces la echaron a patadas de ahí y parece que esa misma tarde la mataron unos hermanos de mi mamá, en un descampado –La tormenta recuperaba su furia.
........
Nu.RR
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