viernes, 10 de octubre de 2008

Pequeñas cosas que enamoran

A (varón) y B (mujer) están sentados uno frente al otro, con un banco de por medio, como aburridos. B mira para cualquier lado, A directo a los ojos. Tras unos momentos de silencio…
-¿Vos crees que las palabras pueden atrapar un corazón…? –B lo mira también, pero no responde, confundida-. Que se puede enamorar, sólo con palabras.
-No sé… no estoy segura.
-Imaginate que aparezca un tipo, que sabés que gusta de vos, que alguien en algún momento te lo dijo…
-Ajá…
-Y no es un tipo feo…
-Lo que nuestra cultura burguesa considera feo.
-Como sea, un tipo que vos no considerás feo. Pero tampoco lindo, digamos, más tirando a feo (o cultural-burguesamente feo).
-Más o menos como vos.
-…Qué directa que sos eh.
-La mentira es uno de los peores inventos del humano.
-Y la sutileza uno de los menos usados. En fin: suponete que aparece un tipo feo como yo con unas flores y se te planta enfrente, y te dice de todo corazón las palabras más dulces del mundo, ¿te enamoraría?
Silencio. Se miran fijo.
-No sé –responde, alejándose del banco y mirando al costado-. Es muy ambiguo. Habría que ver qué es lo que dice, cómo lo dice. Pero no creo que las palabras sean suficientemente capaces como para flechar, ¿entendés?
-Sí.
-En todo caso dependerá de cómo va el flaco, ¿entendés?, cómo habla. Y si es muy cursi, muy… desesperado, no sé, creo que más que enamoramiento, causaría lástima.
-Eso si te va suplicando. Pero si habla bien, no…
-¿Y qué sería por ejemplo hablar bien?
-Y… no sé, es lo que estuve tratando de averiguar antes… Leí muchos poemas, pero ninguno me convenció, entonces escribí los míos… Pero no sé, nunca los puse a prueba.
-¿Y cómo son?

-No sé, poemas nomás.
-¿Pero no te sabés uno así como para recitarlo?
-Ss-sí…
-Y recitalo entonces.
-…“Sin palabras mundanas, quiero tenerte, mi amor. Tus ojos en mis entrañas, con tu boca por sabor. Con los muertos de testigos, sin remedio, sin avisos. Sin prejuicios por delante quiero que te pongas en mi sitio, y sientas por un instante qué se siente morir, ser tirado al precipicio. Porque eso es lo que sentí, sin vanguardia, sin aviso, cuando un día me enamoré de ti”.

-Lindo eh –afirma, asintiendo con el labio inferior alzado-. ¿Lo escribiste vos?
-Se…

-Y buen, si apareciera un tipo y me dice eso, creería que está loco. Pero sería algo tierno, ¿no?
-¿Pero vos qué harías?

-No tengo idea.

Se quedan callados, mirándose los rasgos de la cara, manteniendo sus semblantes de aburridos, largo rato.
-¿Y si aparezco yo y te digo esos versos?
-Lo mismo…
-¿Y si te pido que me dejes darte un beso?
-…¿De qué manera?
-Así –indica, echándose hacia delante y rozando su cara con la propia-: ¿me dejás darte un beso…?
Y a los cinco segundos se besan en esa posición incómoda. Ella apenas se mueve, él se estira sobre el banco; finalmente se separan, sin cambiar sus caras de aburrimiento.

-¿Te dejé enamorada?

-Mmm… Un poquito.
Se miran a los ojos, con pequeñas sonrisas.
-Entonces de algo sirve la poesía.


Nu.RR

No hay comentarios: