Hay un bosque y en él conviven un unicornio y un ciervo de grandes astas.
El unicornio es blanco, puro, y cree en la magia y el amor. Él quisiera ser un poeta, un dibujante y un actor de grandes estrellas, pero es un unicornio: piensa sólo en sí mismo, no le gusta caminar, cuando corre lo hace rápido, pero necesita constantemente de una doncella dócil que lo acaricie y cuide de él pacientemente y con amor.
El ciervo, en cambio, piensa en sí mismo como un cúmulo de materia interactiva. Analiza los sueños del unicornio, indica qué hormonas producen sus sentimientos, gasta sus tiempos en filosofía y matemática absurda y le gustaría ser ecologista.
También hay uno o dos cuervos, alguna ardilla, pero apenas se los ve.
El unicornio y el ciervo no se llevan muy fraternalmente, pero pasan buenos momentos juntos, cuando encuentran un arroyo de donde beber en común. Sin embargo, cuando se pelean, el bosque entero se convulsiona. Vuelan astas y cuernos y patadas y alguna que otra mordida. Se insultan, dicen las cosas más hirientes el uno del otro, tratan de aflacar la moral de su adversario, durante horas y días y a veces hasta semanas y meses.
Nunca se sabe cómo terminan las batallas. No se matan, eso es lo único seguro. Tal vez se cansen mucho y súbitamente se duerman los dos, y cuando se despiertan ya se olvidaron todo. Tal vez desaparezcan y vuelvan a aparecer, siendo simples compañeros. Tal vez se reconcilien luego de muchos golpes y pasen un lindo rato como amigos.
Nu.RR
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario