“Igual vos sabés hay que andar precavido:
Al que vive en un sueño se lo comen dormido.”
(Cosa cuosa, Árbol)
-Jey.
-Jou.
-Lets go.
-¿Cómo estás?
-Bien, todo re bien –le contestó Motito a Cosito, con una sonrisa más grande que las usuales, luego de su saludo habitual-. ¿Vos?
-Bien, bien nomás –respondió Cosito, no tan sonriente como de costumbre ya que evidentemente su amigo le había ganado-. ¿Vos por qué estás tan contento?
-Aah, es que me pasó algo muy bueno, una experiencia de vida –pronunció, y rió un rato de su elocuencia-. No no, pero en serio.
Motito y Cosito tenían diecinueve años cada uno y ambos iban juntos al Colegio Ghandi, en el centro de Arromo G. Se conocían desde los cinco años, desde la primera vez que se les permitió la sociabilización extra familiar. Ahora ambos eran grandes amigos a pesar de que tenían otros amigos, y ya habían planeado su excursión de egresados (que sería al terminar de estudiar, dentro de dos años) para ellos dos solos, sin ninguno de los otros chicos de su clase, que irían a ver la Estatua. Motito y Cosito, en cambio, planeaban irse con sus mochilas a recorrer toda la Periferia.
-Buen che, contame qué pasó –reclamó Cosito, mientras ambos tomaban el camino hacia la escuela.
-Anteayer fui a un cineclub y vi que en la puerta habían dejado un aparato de esos viejos que me gustan, así que entré y les pregunté y resulta que lo tiraban. Era un reproductor de DVD –contó Motito, con su voz de novedades-. Así que lo agarré, y cuando les pregunté para qué servía, me dijo que en el 2000 se veían películas con eso, y les pregunté si tenían alguna y me mostraron dos cajas llenas de películas viejas, en DVD.
-Jajaja, de esas porquerías que te gustan sólo a vos –rió Cosito, amante de la tecnología de punta.
-Sí, bué. El tema es que recién ayer pude conectarlo a mi compu (tuve que inventarme dos adaptadores para poder enchufarla, porque en esa época requería de cablecitos, viste) y me puse a ver películas viejas.
-¿Y estaban buenas?
-Un bodrio la mayoría –confesó, mientras esquivaba a una señora ciega que iba lentamente por la vereda.
-¡Uy, la verdad no entiendo! –interrumpió Cosito, mirando a la no vidente-. Si no cuesta nada operarse los ojos ahora, ¿por qué no se operan? Anda ahí molestando a los demás con los bastones…
-Aah, es cuestión de principios –aclaró Motito, algo enfadado por la interrupción pero con ánimos de inculcarle algo de filosofía a su amigo-. Es de la gente que cree que estas cosas pasan por todo lo malo de la sociedad, y que ellos son los chivos expiatorios de las culpas…
-Uff, sí, todos esos locos que se creen mártires… Como si no hubiera habido ciegos siempre y en todas las sociedades…
-Jajaja, sos cruel a veces eh. Además eso no se sabe bien, se cree que algunas civilizaciones que alcanzaron cierto grado de armonía se sufrían menos enfermedades. Pero buen, más o menos siempre hubo ciegos que yo sepa…
-Sí, y al menos estos se pueden operar gratis y no lo hacen… ¿Sociedades armónicas, dijiste? ¿Tipo cuál?
-Sos una bestia a veces, Cosito. Sociedades como la Atlántida, antes del cataclismo, claro.
....
Nu.RR
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario