viernes, 10 de octubre de 2008

Desde un pino

Un pino es una conífera, pero no quiero hablar de un pino sino de un ciprés. Es más lindo, más rústico y menos pretencioso, y por los de la ciudad suele ser confundido por pino. Yo estaba en lo alto de este ciprés, de este pino, pues soy de la ciudad. Pensaba desde allí arriba lo extraño que se veía todo: las cosas parecían otras, cada objeto debería tener un nombre diferente que lo designara para cuando se lo veía desde arriba. Tan raro y desubicado a los ojos como cuando uno ve por primera vez un avión de esos gigantescos, apoyado en unas rueditas chistosas, sobre el concreto. No: uno está acostumbrado a ver los aviones desde abajo, verlos pasar por arriba, chiquititos, con un ruido fuerte que es difícil de ubicar de dónde viene. Así son los aviones, y verlos en la tierra es algo que puede hasta shockear a uno desprevenido. Por eso yo a mi hijo, el día que cumplió cuatro años y lo llevé a ver cómo despegaban los aviones, le di una charla de veinte minutos (más de eso no creo que aguante) para que no se impactara al ver aquellos colosos que usualmente surcan el cielo. Papá a mí no se hizo esta explicación y recuerdo muy bien que por tres noches no pegué un ojo, desvelándome en conjeturas de cómo es que aquella manchita del cielo podía ser tan pero tan enorme, tan grande que las rueditas, que parecen diminutas, son más altas que una persona.
Quise mirar para el otro lado y tuve que moverme con cuidado para no caerme del pino. Me pinché un poco y me raspé el antebrazo, pero valían la pena esos pocos raspones con tal de seguir viendo el resto del mundo desde allí arriba. Ahora tenía una visión bastante amplia del parque, de los nenes que jugaban, de los patos y los viejos. También pude ver a una pareja de adolescentes haciendo cosas que no deberían insinuar en una plaza, pero buen. Pude comprobar no difícilmente que desde el ciprés podía haber renombrado cada cosa que veía: la fuente, las casitas, los autos. Los movimientos también, pues si bien del tamaño de hormigas, se veían lentos como de costumbre, no como patitas veloces. Incluso parece más predecible, como si la perspectiva agregara algo de premonición.
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Nu.RR

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