Historia Basada en Hechos Reales (Más de lo Que Creen)
Cuando nos tocó hacer el intercambio con chicos de básquet de otros clubes del país, nosotros lo tuvimos que hacer con los chicos de Oberá, Misiones. El que a mí me toco era un chico un año más grande que yo. Cuando estuvo acá tobo bien, pero cuando yo fui allá, me salió todo mal. No sé bien qué habré comido en ese parador del viaje que me cayó tan mal, pero me dio gases a morir.
La cosa se pone interesante después, en mi estadía de tres días en la casa del misionero. Él vivía con sus padres, muy macanudos, dos hermanas más chicas, un loro y dos perritos de una raza de caniches pintados de doberman, tan inquietos como esos muñecotes enormes que ponen en las gomerías y que les pasa el aire por adentro; no paraban de saltarme encima y de lamerme. Pero ya se imaginarán cuando me vivieron los gases. Si no fuera la parte principal de la historia, omitiría la descripción, pero como lo es, la hago: eran ruidosos (cosa bastante rara en mí), olían a podrido enserio (peor que los perros muertos hace una semana), eran calientitos y eran complicados de retener.
Una noche, creo que la segunda, un amigo de mi compañero de intercambio le había dado a él una hoja con comparaciones chistosas. Estábamos todos (también su tía que vivía cerca) sentados en el living de su casa, en cómodos sillones, cuando me vivieron otra vez los gases. Los apretujaba, los amasijaba, me calentaban y después, con infinito esfuerzo y disimulo (me parece que no tanto), los largaba poquito a poco, para que no salieran con ruido y el olor no se sintiera.
-Lento como trasatlántico a remo –leyó, y todos no reímos-. Colorado como culo de mandril -¡Jajaja!-. Desubicado como chupete en el culo -¡Jojojo!-. Apretujado como pedo de visita.
¡¿Eh?!
.....Nu.RR

No hay comentarios:
Publicar un comentario