Helo aquí al muchacho que trabajaba en el quiosco con nombre de fecha patria desde hacía más de trece años. Ya había pasado de todo: asaltos, peleítas con el dueño, había empezado a estudiar en la universidad, había tenido que aceptar cosas sin explicación de las que ocurrían en ese quiosco, pero sentía que ya no podía más estar ahí. Por primera vez en muchísimo tiempo, sintió eso. Ya sabía que le iba a pasar: la crisis de los trece años de los quiosqueros; era algo así como la crisis de los siete años en los matrimonios.
Ya no podía aguantar más, sentía que estaba todo el día pensando en vueltos y precios y no podía concentrarse a la noche para estudiar lo que realmente le gustaba, era un martirio. Y parecía que los clientes llegaban cada vez más locos, todos excéntricos, llenos de problemas, y el viejo con el que antes se llevaba re bien ahora estaba mal también, deprimido porque lo poco que le quedaba de familia se estaba muriendo muy lejos de él, pero la verdad es que por más que intentaba ayudarlo, sólo conseguía ponerse de peor humor.
Pasó una noche entera en el techo de su casa, acostado boca arriba, preocupado, entre tantos cables sueltos y algunos pelados que podrían dejarlo seco enseguida. Vio algunas cosas interesantes, creyó ver una estrella fugaz y vio dos puntitos de luz (que no eran aviones porque no titilaban) que viajaban a una velocidad media trazando un arco extraño en el cielo. Debían ser satélites, u ovnis, pero menos probable…
.......
Nu.RR

No hay comentarios:
Publicar un comentario